Playa Grande entre mis días
"no hubo más pasos que aquellos que doblaban la distancia..."
En la playa el sol se entretenía arropando con su energía a lo largo y ancho de la costa, cuando desde el azul empezó a distinguirse un punto rosado, en movimiento, pero distinto a los otros colores que solían observarse en el firmamento...
Y ese punto se hizo cada vez más grande y súbitamente se poso sobre la arena, en medio de la costa, en una playa vacía, en todo el centro de aquel camino que marca la arena que es humedecida en cada vaiven de las olas.
Y la curiosidad me condujo cada vez más cerca, y la distancia se reducía, y me sentía capáz de estar más a su lado, y a cada paso que daba podía sentir más emoción, no era realmente imposible acercarse, sólo había que intentarlo, ceder a ese primer impulso, olvidarse de tanto "no", prescindir incluso de las decisiones, y caminar. Pero llegué a su punto máximo, retrocedió, me detuve, intenté avanzar, volvió a retroceder, no había más espacio compartible, desde un principio estaba limitado el acceso, no hubo más pasos que aquellos que doblaban la distancia...
Y no hubo más remedio que dejar que la naturaleza fuera naturaleza, y ceder a sus complicaciones habituales. Ahora el flamingo sigue allí, sabiéndose único, viviendo su quizás escogida soledad, pero dejando que los ojos, sean al menos, los únicos que lo pueden acariciar...
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