Con tu respuesta no pronunciada

Es verdad. Al decir por tus miradas restablecidas en el desequilibrio lateral, estás regresando al punto de partida, al punto donde me preguntabas lo que yo aún no quería saber, y donde mis repuestas eran mejor traducidas en el trazo de mis manos por tu espalda.
No quiero rehacer la pregunta, pero mis pensamientos abundan y se convierten en guerreros sin causa, elevan y abdican al trono que tus largos y meditados dialectos hacen sobre mi silueta emocional.
Ya sé. Volver a preguntar no tiene sentido, respondiste hace meses; yo no pregunté entonces, quieres obligarme a volver atrás, quizás como juego de venganza hacerme sentir como tú. Y de todo tu silencio prevalencen los gritos de querer hacerme luchar, y finalmente hacerme tomar lo que en realidad me corresponde, sin más preguntas.
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