Dos pozos, dos vías

...que cada uno de esos ojos que portabas fuesen el espejo de mis propios recuerdos...

Programaba la semana, programaba los días. Sentía aquel incómodo odio contra lo externo, cuando entre la gente permanecías invisible. Era preferible que me acostumbrara a tu maravillosa habilidad de aparecer en cada persona distinta, por meses, por años. Pero nuncá tuve la certidumbre de que volvieras para sentirme en una conexión tan atemporal. Que cada uno de esos ojos que portabas fuesen el espejo de mis propios recuerdos, el pasaporte al país de las primeras cicatrices, la estela que me guía, que me aleja y que me toma en cada instante donde recuerdo lo que es sentir.

En esa renuncia tan insubtancial que pretende abrir tu nuevo desembarque, nace la calle de los nuevos bares, lo bohemio de la noche oscura, que podría cobijar mis penas y tristes alegrías cuando en el día de mañana vuelva a sentirme perdido.

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