Y sin embargo te digo que vengas...

Interrumpe la voz de tu renegada obsesión de decirme que los caminos entre nosotros no pueden continuar. Cada día, cada instante, pesan las palabras pesimistas sobre el encuentro que queríamos forjar cuando no importaba los detalles; cuando el instante no preocupaba de las acciones y sus consecuencias, cuando tu intención era gobernada por esa alocada pasión incondicional.

Siente la vida en el mundo los embates de la ira, del odio y del poder; van y vienen las almas, los que no tienen como comer, los que no tienen ni como pensar, los que nunca van a razonar. Y a nosotros nos pesan las diferencias, y entre nosotros nos creamos las barreras de la estupidez de querer hacer una vida perfecta, una vida sin llanto, sin molestias.

Oye las estrellas del pasado, no dejes que los miedos sean guardianes herméticos de tu felicidad.

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